Mi nombre es Diana, soy licenciada en Administración, mas toda mi vida fui una amante de los animales y desde que tengo memoria fui de las que corrían a socorrer cuanto bebé, cachorrito o huerfanito pudiera hallar.
Parte de esta actitud se la debo a mi madre quien, tan amante de la fauna como yo, me ha enseñado que toda vida merece respeto y además ha tolerado pacientemente a todo nuevo integrante que pudiera incorporar a nuestra familia.
Mucho tiempo de mi infancia y adolescencia la pasé en el campo con lo cual nunca faltaba oportunidad para adicionar alguna mascota desventurada a nuestras vidas.
Así aprendí a muy temprana edad que los animales en general y hoy día los birmanos en particular son incondicionales en su entrega de afecto y no solo enriquecen la vida de sus compañeros humanos sino que además pueden contribuir a la salud de los mismos.
Y este amor incondicional, estas miradas cautivantes, este apoyo emocional que pueden brindar estos felinos celestiales, los birmanos, son el motivo por el cual decidí criarles a fin de compartir este inmenso tesoro y riqueza que han aportado a mi existencia.
Sin embargo Shamandu no podría ser el criadero tan reconocido y recomendado nacional e internacionalmente sin el apoyo incondicional de mi familia y de todos los profesionales que cuidan del bienestar y la salud de nuestros preciados birmanos. Agradecemos también a todos aquellos criadores que nos han confiado sus bebés muchas veces de países lejanos (inclusive recibiéndonos calidamente en sus hogares) confiando en que les brindaríamos un hogar digno y mucho amor. Y por supuesto a todos los “papis” Shamandu que comparten plenamente sus vidas y amor con nuestros bebés.
Por ello aprovechamos este espacio para dedicarles nuestro infinito respeto y gratitud! |