LA LEYENDA

ERASE UNA VEZ...
un templo construido en las laderas del Monte Lugh, donde vivía el sagrado Kittah Mun-Ha, gran Lama adorado por todos a quien el mismo Dios Song Hio otorgó el honor de trenzar de su barba dorada. Toda su vida estaba dedicada a la adoración, contemplación y servicio de Tsun Kyan Kse, la diosa de los ojos color zafiro, la misma que presidía sobre la transmigración de las almas, la misma que permite a los Kittahs volver a la vida en un animal sagrado por la duración de su vida antes de obtener un cuerpo etéreo con la majestuosidad y perfección de los grandes sacerdotes. Cerca de Mun-Ha se hallaba meditando Sinh, su adorado gato blanco de ojos amarillos, cola y extremidades de color tierra, marca de la impureza de todo aquello que toca el suelo.

Una noche, cuando la malévola luna iluminó su camino, los Phoums, unos vándalos de Siam rondaban las cercanías del templo sagrado. El Gran Sacerdote Mun-Ha en aquel instante falleció pacíficamente, teniendo a su lado a su gato divino y bajo la mirada consternada de sus Kittahs. Fue entonces cuando ocurrió el milagro... el único milagro de transmigración inmediata: Sinh se acurrucó en el trono sobre su sacerdote, apoyándose en la cabeza plena de sabiduría. Frente a la estatua de la diosa se observó que su pelaje se tornaba dorado. Sus ojos amarillos se transformaron en grandes y profundos zafiros al igual que los de la Diosa. Al girar gentilmente su cabeza hacia la puerta del Sur sus 4 manitos que estaban sobre el cuerpo de su Sacerdote se convirtieron en blancos guantes hasta donde los cubría el ropaje de su amo.

Interpretando aquel gesto los Kittahs cerraron las puertas del templo.Cuando el templo estuvo a salvo de la profanación, Sinh aun seguía frente a la estatua de la Diosa; habiendo transcurrido 7 días el gato fallece misteriosa y hieráticamente, llevando a Tsun Kyan Kse el alma de Mun-Ha.

Y cuando 7 días más tarde los sacerdotes se congregaban frente a la estatua de la diosa para definir al sucesor de Mun-Ha, todos los gatos del templo acudieron, todos vestidos de dorado con sus guantes blancos y sus ojos azul zafiro. En completo silencio rodearon al más joven de los Kittahs.

La interpretación popular de la leyenda se resume a que el birmano lleva al cielo el alma de su dueño, mas también se advierte que aquel que se atreva a lastimar a una de estas criaturas sufrirá el mayor de los tormentos.